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lunes, 1 de agosto de 2011

Illuminati


Los Illuminati es una organizacion secreta a la cual pocos pueden acceder solo los poderosos lo hacen.
Muchos mitos hay al rededor de esta Organizacion secreta entre esos mitos se dice que que estan asociados con Satan lo cual es totalmente falso y acontinuacion vamos a tratar de sintesisar alguna informacion sobre los Illuminati y los Masones.

Simbologia Masonica en Los Billetes De Un Dollar.

Si miramos con mucha pero mucha atencion y con ayuda de un buena lupa;En el “1″ de la “Derecha” al lado superior izquierda del dolar se puede apreciar un Buho muy pequeño.
El buho es el simbolo de los “Illuminati” que es el nivel maximo de los llamdos “Masones”,se dice que, estan asociados con satan esto es solo un mito ya que todos sus simbolos he iconografia tienen un origen Judio mas adelante veran algunas referencias (Aunque todo queda en rumor, ya que ” son una sociedad discreta de libres pensadores”) a quien los Banqueros y y jerarcas mundiales rinden culto todos los años en el “Soto Bohemia” de California . Ellos son el Bohemian Club. El búho es también parte de su logotipo. Ellos participan en ceremonias paganas particularmente con una hoguera nocturna delante de una inmensa estatua de búho.

Dando vuelta el billete, la primera imagen que impresiona es la piramide con un ojo en su parte superior.La llamada “Pirámide con el Ojo que todo lo ve”, símbolo de la masoneria que hace referencia al Ojo de Horus, un antiguo Dios egipcio que representa al Sol. 
En su parte inferior observamos la leyenda “Novus Ordo Seclorum”, traducido sería: “Nuevo Orden Mundial” y en inglés se dice “New World Order”.
Arriba, se lee “Annuit Coeptis”, que significa “nuestra empresa es exitosa”.
En la base de la pirámide podemos encontrar escrito en números romanos el año 1776 ( MDCCLXXVI ), en concordancia con el año de la independencia de los Estados Unidos, pero… También el año en que el sacerdote jesuita de origen judío, Adam Weishaupt, fundó esta orden, Los Maestros de los Illuminati.
La pirámide, posee 13 escalones, (representan de una forma esotérica, los 13 grados del Rito de los Iluminados de Baviera) de igual manera el águila, símbolo americano, posee en una de sus patas igual cantidad de flechas (13) y … En su otra pata sostiene una rama con 13 hojas y 13 frutos.
Sobre el águila hay una estrella de David compuesta de 13 pequeñas estrellas.
Tambien se pueden encontrar 13 barras verticales y 13 horizontales en el escudo que aparece en el pecho del águila.
El numero 13 aparece repetidamente en los billetes de Dollar, debido a que 13 es la cantidad de estados que se independizaron de Inglaterra, para formar lo que hoy conocemos como Estados Unidos, pero resulta que para los masones es el número de la transformación.
El lema que se lee en la cinta que lleva el águila “E PLURIBUS UNUM”, la cual también está compuesta por 13 letras, significa “De muchos, uno”.

TOTAL
13 estrellas sobre el águila conformando una estrella de David
13 escalones en la pirámide
13 letras en ANNUIT COEPTIS
13 letras en E PLURIBUS UNUM
13 barras verticales en el escudo
13 rayas horizontales en la parte de arriba del escudo
13 hojas en la rama de olivo
13 frutos en la rama
13 flechas
Y TAMBIEN
hay otro símbolo relacionado con los masones: En la piramide del billete, se puede formar la estrella de David si se unen las letras A en Annuit, la S en Coeptis, la N en Novus, la O en Ordo y la M en Seclorum. Bien ordenadas estas letras, forman la palabra Mason.

El código secreto de la ciudad de Washington


Si el Código da Vinci desveló al gran público las enormes implicaciones de la simbología y la geometría sagrada, los descubrimientos del profesor de la universidad de Québec, Pierre de Chatillôn, en su libro “Trastornos climáticos: los ciclos revelados” van a provocar más de un desmayo entre los norteamericanos y foráneos. Las figuras claves: el primer presidente, George Washington, y el urbanista de la ciudad que lleva su nombre Pierre de Chatillôn. El elemento que lo hace posible: la tecnología “google map” que permite obtener fotografías inusuales de nuestro planeta.

Hoy sabemos que de los 23 firmantes de la Declaración de independencia de Filadelfia, en 1776, 21 eran francmasones. Esta hermandad espiritual era sólo una de las diferentes sectas y religiones provenientes de la Europa anglosajona llegadas a Estados Unidos con la esperanza de establecer la “nueva Jerusalén”. Es decir, imbuidos del espíritu mesiánico de los movimientos religiosos perseguidos por la Iglesia católica: por ello dejaron sus símbolos inscritos en la nueva tierra, comenzando por el archiconocido símbolo del dólar.

Desde los comienzos de la República estadounidense, se formaron dos grupos, uno que defendía la libertad individual y otro, más cercano a la monarquía inglesa, que descreía de esa libertad y valoraba más la seguridad, el autoritarismo y el poder de las élites. Una pugna que se ha mantenido hasta la actualidad. De acuerdo a ese análisis, se pueden explicar los numerosos magnicidios ocurridos en los Estados Unidos, comenzando por el de Abraham Lincoln, el de McKinley o los de los hermanos Kennedy (Robert y John). Esa pugna soterrada explicaría, también, la enorme importancia que la simbología oculta juega en la historia de los Estados Unidos; los códigos en clave estarían traspasando información entre esos dos diferentes grupos.

Como primer presidente de los Estados Unidos, George Washington representa en la mente de los norteamericanos el ideal de libertad que su país representó a lo largo de los años. La evidencia de que el billete de dólar ha albergado desde hace siglos los símbolos de la secta iluminati (la pirámide con “El ojo que todo lo ve” y el búho, dios babilónico Moloch, emblema de los iluminati de Baviera) ha hecho volver los ojos a los muchos símbolos que alberga la ciudad donde se asienta el Poder de los Estados Unidos y por ende, del mundo.
De acuerdo a las investigaciones de Pierre Chatillôn, renombrado poeta y profesor de la universidad francófona de Canadá, George Washington habría querido dejar inscrito en los planos de la propia ciudad, la advertencia de los acontecimientos que estaban por venir, incluido el cambio climático. Todo ello, en manos del arquitecto francés Pierre Charles L’Enfant, quien expresó, tras ver el lugar donde se edificaría la ciudad: “Un pedestal a la espera de un monumento”. Tan claro lo vio Châtillon en su día, que no necesitó planos para ejecutar su diseño de la capital de la república, una especie de “Brasilia” del siglo XIX, pues hubo una planificación urbanística clara desde el principio, que se ha mantenido en el tiempo con pocas variaciones.

Las sorprendentes indagaciones de Châtillon sobre los planos de L’Enfant que les explicamos a continuación se basan en la situación de varios edificios emblemáticos de la capital de los Estados Unidos en lo que se conoce como “National Mall” (“Bulevard Nacional) y en la distancia entre unos y otros. El Capitolio (donde trabaja el Parlamento), la Casa Blanca (donde reside el presidente), el Memorial Jefferson y el perímetro que rodea estos tres edificios conforman un triángulo isósceles. Entre la fuente de la entrada a la Casa Blanca y el memorial Jefferson hay, exactamente, 1776 metros. El mismo año de la fundación de los Estados Unidos y también, de la secta Iluminati. Por encima, se sitúa una gran explanada circular y el Capitolio.

Los lados de este triángulo miden exactamente 2310 metros de largo, con lo que la relación entre la base y los lados es de 0’76. Exactamente, la misma proporción existente en la pirámide grabada en el billete de un dólar. Las avenidas y veredas que atraviesan el gran tramo central del paseo, lo dividen en 13 tramos, exactamente los mismos escalones que tiene la pirámide del billete de dólar.

El número 1776, que son los metros que mide la base de este tríángulo urbanístico y que aparece en la base de la pirámide del billete en números romanos, es el parámetro sobre el que asientan las sorprendentes revelaciones de Châtillon. La primera de ellas, que el monumento erigido en honor a Washington se encuentra a 133 metros de esta línea de referencia. Trasladando esta cifra a décametros, obtendríamos 13’3 que, sumado a 1776, nos daría 1789, el año en que Washington tomó posesión de su cargo como presidente. En esa misma línea recta cuya cúspide es el Capitolio, se encuentran también los monumentos a Abraham Lincoln y en honor de los caídos en la Segunda Guerra Mundial
Châtillon resalta en su libro la importancia del carácter “estrellado” de la configuración urbanística de Washington. “Igual que ciertas ciudades de Europa de orígenes muy antiguos, las calles de la vieja ciudad de Washington se cruzan, prácticamente todas, en ángulos de 48º o de 132º. Valores que van mucho más allá de lo simbólico y que han adquirido importancia a través de la historia, ya que constituyen la clave sobre la que reposa la teoría de la comprensión de los ciclos climáticos”, afirma Châtillon, que sostiene que la intención no conseguida de L’Enfant era plasmar la “sefirot” de la cábala judía en el plano de la ciudad.
A través de él, Washington habría querido revelar a las generaciones venideras importantes datos sobre el devenir del clima, en este particular calendario inscrito en el urbanismo. Una fecha, la del descubrimiento de América (1492) sería también importante. 2840 metros por debajo de la línea de referencia (en decámetros, 284) se levantó la Casa Arlington, el comienzo de este “Boulevard Nacional”. Curiosamente, 1776-284=1492. En el otro extremo de este Complejo donde reposan las instituciones más importantes de los Estados Unidos, se encuentra la fuente del Capitolio, a 2310 metros de la línea de referencia, es decir, ¡en el 2007!
Esta simbología, según Châtillon, se conserva en todas las edificaciones realizadas hasta finales del siglo XIX, cuando comienzan a aparecer monumentos que no mantienen estas proporciones, de donde se deduce que sus arquitectos habian perdido esta referencia y la simbología que expresa. Es en las calles y vías del interior de este pasillo central donde se concentran los monumentos de Washington DC, con diferentes suelos: pavimentados, de cemento, con césped, de distinto espesor, donde Châtillon encuentra los mensajes inscritos para las generaciones venideras que hoy somos presente.



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